Monumento a Las siete doncellas. Foto cedida por Oficina de Turismo Simancas

Simancas es una de las localidades protagonistas de La bruja de san Mamés, quizás la más importante. En sus campos se desarrolló la batalla en la que se centra parte de la trama de la novela. Es sin duda una ciudad con mucha historia. Hoy me gustaría contaros la famosa leyenda de las «sietemancas».

Cuenta la tradición que aproximadamente en el año 783, el rey Mauregato de Asturias para recibir los favores de Abderramán I y mantener cierta independencia de Córdoba, aceptó la imposición del emir de pagar un tributo entregando a cien doncellas de las cuales la mitad debían ser humildes, y las otras de noble cuna. Las doncellas eran elegidas de entre varias localidades. Siete eran las que debían salir de Simancas.

El pago del tributo se siguió manteniendo hasta que en una ocasión Las siete doncellas de Simancas, en un acto de valentía, se cortaron una de las manos. Al ser entregadas al emir de ese entonces, Abderramán II, dijo: «Si mancas me las dais, mancas no las quiero».

El rey Ramiro I de Asturias, quien reinaba en ese momento parte de la Hispania cristiana, sintiéndose avergonzado ante el arrojo de las buenasmozas, decidió acabar con tan deshonroso tributo y se alzó en armas en la batalla de Clavijo.

En esta batalla, sigue contando la leyenda, fue fundamental para alcanzar el triunfo la ayuda del apóstol Santiago: “… se abrieron los cielos y surgió la figura de Santiago en túnica blanca con cruz roja al pecho, espada en mano y montado sobre un blanco corcel, que acometió contra los enemigos desbaratando sus filas y matando a muchos…».

Cada 6 de agosto, en las fiestas en honor del Salvador, los simanquinos celebran el tradicional acto de nombramiento de las siete doncellas en recuerdo de la famosa leyenda de las «sietemancas». Un cortejo municipal recorre la villa en busca de siete jóvenes que, vestidas con trajes medievales, formarán parte del tributo de las cien doncellas.

La villa para recordar para siempre a aquellas heroínas ha incorporado a su escudo siete manos pintadas.

Escudo de Simancas. Imagen cedida por la Oficina de Turismo

Me encanta encontrar coincidencias o curiosidades en los hechos históricos. La historia como en muchas cosas de la vida, algunas veces se repite, girando hacia delante y hacia atrás, como los dedos de la reina Urraca.

Las dos celebraciones más relevantes de Simancas tienen de por medio a un Ramiro, un Abderramán y al apóstol Santiago bajando de los cielos espada en mano.

En el caso de Las siete doncellas, Ramiro I de Asturias se enfrentó al emir de Córdoba Abderramán II en la batalla de Clavijo, ganándola con la ayuda del apóstol Santiago quien bajó de los cielos a lomos de un caballo.

En la batalla de Simancas, Ramiro II de León, tataranieto del anterior, también se enfrentó a un Abderramán, en este caso el tercero de su nombre. Ramiro II de León corrió igual suerte que su tatarabuelo en batalla, pues apareció en los campos de Simancas un caballo bajado de los cielos que le ayudó a ganarla.

Simancas… tierra de cultura.