La mandrágora fue muy utilizada en la Edad Media por sus extraordinarios poderes curativos que iban desde la preparación de elixires afrodisíacos, sedantes y analgésicos, cataplasmas para curar las úlceras, purgantes, hasta brebajes para solucionar problemas de fertilidad. También se utilizó en ritos mágicos por sus efectos alucinógenos. La elevada toxicidad de esta planta exige de una correcta manipulación para que sus peligrosos componentes no penetren por la piel.
Su raíz con bifurcaciones hace que parezca una figura humana. Esto ha generado un sinfín de leyendas. Una de ellas es que, las raíces, se transformaban en “hombrecillos de verdad” favoreciendo al dueño de la planta atrayendo la fortuna y la buena suerte. Se dice que al arrancarla emite un grito que provoca la muerte de quien lo oye. Por eso la utilización de un perro.
Otra de las leyendas alrededor de la mandrágora era el uso que de ella hacían las brujas en la noche de San Juan.
Estando en una visita guiada nocturna por Toledo, el guía contó que, en la noche de San Juan, las brujas recogían la mandrágora para preparar un ungüento que embadurnaban por los palos de las escobas, que, al frotar por sus partes, les hacía caer en un “trance volador”. De allí que los efectos alucinógenos han dejado en el imaginario la típica figura de una bruja volando sobre su escoba.
La Biblia en el libro del Génesis 30:14 habla de la mandrágora: Raquel mujer de Jacob que era estéril pidió a Lea, la otra mujer de Jacob, que le diera de las mandrágoras que el hijo de esta, Rubén, había recolectado del campo. Dios le concedió entonces hijos a Raquel.
El personaje de Hildegarda, una mujer que dominaba el arte de curar con las plantas, lo fui construyendo a partir de las vivencias en visitas guiadas y lecturas sobre la utilización de plantas medicinales en la Edad Media. Muy útil fue el libro “Las plantas que curan y Las plantas que matan” del año 1887 de Montaner y Simón, Editores.
¿Sabéis para qué utilizó Hildegarda en La bruja de San Mamés la mandrágora?
